¡Acción!
Estaba casi todo listo pero nos faltaba un termo para los mates. Las mentes inquietas, decididas a no sacrificar la telúrica infusión, aportaron la genialidad de envolver una botella de cerveza con papeles de diario. Mientras se calentaba el agua repasamos una vez mas el itinerario y el equipo. Serían dos escenas. Filmaríamos primero el círculo de fuego y después las piernas de Eva caminando descalza en la tierra. En realidad creo que la memoria me traiciona y me dice que el guión original indicaba una Eva desnuda engendrando algo. La escasez de recursos materiales exigió el recurso cinematográfico de unos pantaloncitos cortos fuera del cuadro. El espectador se tendría que imaginar el resto. Pablo propuso para el circulo de fuego una mezcla de nafta y gasoil. Al parecer la escena no era nada mas que el anillo en el que el monje depositaba las semillas. Lejos del círculo eterno y estático, el autor quería la génesis. Los instantes previos y oscuros aniquilados por la chispa del miniBic. La senda incierta marcada por la llama que se cerraba en el inicio.
La pava trémula anunció nuestra peregrinación. Extranjeros en el bosque, con la luz de la luna como única guía, buscamos una locación apropiada. Detrás del colegio nacional una cancha de football conformó al director. En el centro del campo de juego improvisamos el plató. La actriz se puso el atuendo de monje según las indicaciones de Pablo. Lucas, Emilio y yo nos encargamos de los efectos especiales. Ensayamos la velocidad de propagación de la llama en el combustible y satisfechos lo rociamos para formar el círculo. La noche era tranquila e internados en el claro rodeados de árboles empezamos a rodar. Nadie perturbaba nuestras tareas. De vez en cuando alguna patrulla circulaba lentamente por las calles aledañas. Con esa lentitud intimidante propia de las unidades policíacas. En nuestras mentes los presentimientos de problemas se calmaron rápidamente. Nada era ilegal. Éramos simplemente cuatro jóvenes y una señorita vestida de monje en el medio del bosque. Con una cámara de video. Haciendo círculos de fuego. Ella se movía según le indicaba el joven estudiante de cine. Nada sospechoso. Olvidado el tema, proseguimos con el rodaje.
Luego de varias tomas, se notaba que Pablo no estaba del todo conforme con los resultados obtenidos. Es un poco la tragedia del artista. Nunca termina una obra, simplemente la abandona. Así que abandonando el centro de la cancha fuimos a buscar un poste de luz para la siguiente escena. Siempre me pregunté como es que se hacen las tomas con lluvia en las películas. Hasta ese día. Ahora lo sé. Es un tipo que, con una botella de litro y medio, tira agua lo mas parecido a la lluvia posible. No es fácil.
Así estábamos. En el bosque. De noche. Tres ayudantes, un director-productor y la actriz descalza con los pantaloncitos cortos. Simulando lluvia debajo del poste de luz.
A la patrulla ni la escuchamos llegar. Fue el ruido que hace la puerta de un vehículo al abrirse el que llamó nuestra atención. El oficial que manejaba se aproximó a nosotros y el acompañante se quedó cerca del auto. Prestos a explicar cualquier inquietud relegamos nuestras tareas. El diálogo se inició con el “Buenas noches señores” protocolar de la ley. No me acuerdo quién habló primero ni que dijo. Pero me acuerdo de algo. Creo que nunca me voy a olvidar. Ese que estaba cerca del vehículo sacó un handy. Dijo algo que terminó en “porno”. El tiempo se detuvo. Si el tiempo no se puede detener, entonces olvidé lo que pasó entre la palabra porno y la aparición de diez patrullas. Si no se pueden olvidar esos instantes entonces se materializaron diez patrullas en forma instantánea como respuesta de la palabra porno. Si no se pueden materializar diez patrullas diciendo porno entonces... hagan la prueba, tomen un handy de policía y digan algo con porno en el bosque a las 2 de la mañana.
Luego de no creernos todas las verdades que les contamos decidieron registrarnos. Mientras, por separado, nos interrogaban. Inmediatamente nos dimos cuenta de que era la forma de ver si el discurso era coincidente y coherente. No lo era. Nadie sabía que responder a la pregunta “¿de que se trata la película?”. Miento en realidad, creo que Pablo lo sabía. Incrédulo un oficial probó el contenido de la botella de cerveza y corroboró que era agua. Tibia. Nunca voy a olvidar la acumulación de oficiales alrededor de Pablo, que sosteniendo la camarita intentaba explicarles el corto. Una de esas con una pantalla del tamaño de una caja de fósforos. Todos tratando de ver las partes mas zarpadas. Tampoco voy a olvidar las caras de frustración con las que se retiraron. No pudieron ver ni siquiera una teta. Tampoco pudieron, al igual que nosotros, entender de que se trataba. Alguno dijo a modo de consejo “muchachos, para la próxima avisen, pidan permiso” o algo por el estilo.
Estaba casi todo listo pero nos faltaba un termo para los mates. Las mentes inquietas, decididas a no sacrificar la telúrica infusión, aportaron la genialidad de envolver una botella de cerveza con papeles de diario. Mientras se calentaba el agua repasamos una vez mas el itinerario y el equipo. Serían dos escenas. Filmaríamos primero el círculo de fuego y después las piernas de Eva caminando descalza en la tierra. En realidad creo que la memoria me traiciona y me dice que el guión original indicaba una Eva desnuda engendrando algo. La escasez de recursos materiales exigió el recurso cinematográfico de unos pantaloncitos cortos fuera del cuadro. El espectador se tendría que imaginar el resto. Pablo propuso para el circulo de fuego una mezcla de nafta y gasoil. Al parecer la escena no era nada mas que el anillo en el que el monje depositaba las semillas. Lejos del círculo eterno y estático, el autor quería la génesis. Los instantes previos y oscuros aniquilados por la chispa del miniBic. La senda incierta marcada por la llama que se cerraba en el inicio.
La pava trémula anunció nuestra peregrinación. Extranjeros en el bosque, con la luz de la luna como única guía, buscamos una locación apropiada. Detrás del colegio nacional una cancha de football conformó al director. En el centro del campo de juego improvisamos el plató. La actriz se puso el atuendo de monje según las indicaciones de Pablo. Lucas, Emilio y yo nos encargamos de los efectos especiales. Ensayamos la velocidad de propagación de la llama en el combustible y satisfechos lo rociamos para formar el círculo. La noche era tranquila e internados en el claro rodeados de árboles empezamos a rodar. Nadie perturbaba nuestras tareas. De vez en cuando alguna patrulla circulaba lentamente por las calles aledañas. Con esa lentitud intimidante propia de las unidades policíacas. En nuestras mentes los presentimientos de problemas se calmaron rápidamente. Nada era ilegal. Éramos simplemente cuatro jóvenes y una señorita vestida de monje en el medio del bosque. Con una cámara de video. Haciendo círculos de fuego. Ella se movía según le indicaba el joven estudiante de cine. Nada sospechoso. Olvidado el tema, proseguimos con el rodaje.
Luego de varias tomas, se notaba que Pablo no estaba del todo conforme con los resultados obtenidos. Es un poco la tragedia del artista. Nunca termina una obra, simplemente la abandona. Así que abandonando el centro de la cancha fuimos a buscar un poste de luz para la siguiente escena. Siempre me pregunté como es que se hacen las tomas con lluvia en las películas. Hasta ese día. Ahora lo sé. Es un tipo que, con una botella de litro y medio, tira agua lo mas parecido a la lluvia posible. No es fácil.
Así estábamos. En el bosque. De noche. Tres ayudantes, un director-productor y la actriz descalza con los pantaloncitos cortos. Simulando lluvia debajo del poste de luz.
A la patrulla ni la escuchamos llegar. Fue el ruido que hace la puerta de un vehículo al abrirse el que llamó nuestra atención. El oficial que manejaba se aproximó a nosotros y el acompañante se quedó cerca del auto. Prestos a explicar cualquier inquietud relegamos nuestras tareas. El diálogo se inició con el “Buenas noches señores” protocolar de la ley. No me acuerdo quién habló primero ni que dijo. Pero me acuerdo de algo. Creo que nunca me voy a olvidar. Ese que estaba cerca del vehículo sacó un handy. Dijo algo que terminó en “porno”. El tiempo se detuvo. Si el tiempo no se puede detener, entonces olvidé lo que pasó entre la palabra porno y la aparición de diez patrullas. Si no se pueden olvidar esos instantes entonces se materializaron diez patrullas en forma instantánea como respuesta de la palabra porno. Si no se pueden materializar diez patrullas diciendo porno entonces... hagan la prueba, tomen un handy de policía y digan algo con porno en el bosque a las 2 de la mañana.
Luego de no creernos todas las verdades que les contamos decidieron registrarnos. Mientras, por separado, nos interrogaban. Inmediatamente nos dimos cuenta de que era la forma de ver si el discurso era coincidente y coherente. No lo era. Nadie sabía que responder a la pregunta “¿de que se trata la película?”. Miento en realidad, creo que Pablo lo sabía. Incrédulo un oficial probó el contenido de la botella de cerveza y corroboró que era agua. Tibia. Nunca voy a olvidar la acumulación de oficiales alrededor de Pablo, que sosteniendo la camarita intentaba explicarles el corto. Una de esas con una pantalla del tamaño de una caja de fósforos. Todos tratando de ver las partes mas zarpadas. Tampoco voy a olvidar las caras de frustración con las que se retiraron. No pudieron ver ni siquiera una teta. Tampoco pudieron, al igual que nosotros, entender de que se trataba. Alguno dijo a modo de consejo “muchachos, para la próxima avisen, pidan permiso” o algo por el estilo.
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