22 noviembre 2006

Onix

Hace diez años con mi hermana compramos un televisor. Impacientes decidimos no esperar el servicio de entrega a domicilio y lo trasladamos hasta el departamento caminando. Habiendo determinado que el dispositivo funcionaba dividimos las tareas, yo me encargaría de la correcta instalación y ella de las cuestiones ornamentales. Los toques finales se dieron con un trapito húmedo para limpiar al nuevo integrante de la familia. Este proceso de minuciosa higienización nos develó que la coraza que protegía los misterios de su funcionamiento estaba partida. Un agujero de algunos centímetros nos develaba su interior muy lejano a embrujos fantásticos y mas bien cercano a un montón de cables y cosas de esas. La duda nos detuvo en la cruzada del reclamo. Creímos mas probable un golpe propinado por nosotros en la calle que la falta de decencia en los señores vendedores de televisores.
El tiempo solo sabe hacer una cosa y eso es lo que hizo, pasó. No recuerdo cuanto tiempo el tiempo pasó. Mi memoria me engaña y me cuenta que el tiempo pasó durante un año. Pero yo me prevengo de creerle porque es mi único registro del paso del tiempo. Mi hermana propuso tener una mascota y la opción mas lógica en estos casos es la que todos se imaginan, una iguana. Influenciada por sus estudios decidió nombrarla Onix. Las iguanas no están exentas de un equipaje mínimo, al igual que otros animales mas exóticos, una iguana no viene sola. Por ejemplo los Canis Lupus Familiaris suelen venir con una correa, un almohadón, dos platitos uno para la comida y otro para el agua, etc. En el caso de Onix el equipamiento mínimo constaba de un manual de instrucciones, una suerte de pecera, una lamina que regulaba la temperatura, un tubo de luz ultravioleta, una serie de polvitos a modo de complejo vitamínico, piedritas, plantitas, un recipiente para el agua que se podía obviar si en la pecera se simulaba una pequeña laguna y no me acuerdo que mas.
Al principio Onix pasaba la mayor parte del tiempo en la burbuja de vidrio ajena al mundo que la rodeaba. Me la imagino creyendo en unos seres superiores que le proveían maná. Entendiendo su mundo como un todo de un lado frío y del otro lado caliente. No tardaría en surgir la alegoría de la pecera. Un día Onix salió de la burbuja y vio que el mundo en realidad era una pecera un poco mas grande, de unos quince metros cuadrados. En realidad me imagino que Onix midió el mundo en unidades equivalentes a la pecera primera, supongo que el mundo era otra pecera de ... muchas peceras cuadradas. Cuando volvió a la pecera primera intentó explicarle a las otras iguanas que el mundo no era como ellas creían. Las otras iguanas le dijeron que estaba loca, que muy a pesar de que eran imaginarias no iban a concederle el privilegio de la cordura ni a modo de camaradería. Revelada contra sus pares imaginarios decidió dedicarse a reptar por el resto de su existencia y a cazar insectos cuando los seres supremos la sacaran de la burbuja un rato. Nuevamente el tiempo hizo de las suyas, mi memoria me engaña y me cuenta de un par de años, yo hago oídos sordos.
Así fue, como un día, Onix desapareció. La buscamos por todo el departamento y finalmente por todo el edificio. Pasaron algunos días, mirábamos por la ventana temiendo encontrar la silueta inerte de Onix siete pisos mas abajo. Pero ninguna certeza irreversible nos quitó la angustia de la duda con esperanza. Al menos hasta el día en que, mientras yo dormía, mi hermana irrumpió abruptamente en mi pieza y tuvo lugar el siguiente diálogo:
Hermana:- ¡Guille!, ¡Guille!... ¡ay!... ¡Guille!
Yo:- ¿eh?¿Qué?... ¿qué pasa?
Hermana:- ¡Guille!... ufaaa... ¡noooo!... prendí el tele! hizo un ruido! como tssssss tsssssss y se apagó...!Guille!
Yo:- ... pará... dame un segundo
Despojado totalmente de su coraza protectora, ayuno de secretos maravillosos se nos presentó el interior de la caja boba. Boba y asesina. Entre los cables yacía Onix. Estaba viva. Vivió una semana mas. Le amputaron una pata. El veterinario se aventuró en terapias experimentales... le hizo un ano contra natura. Era difícil, la aguja mas pequeña era grande, el hilo mas fino era como una soga. Mi hermana se convenció de que lo mejor era sacrificarla y terminó con la agonía de Onix.
Las pericias indican que aquel agujero olvidado sería el lugar por el que Onix ingresó al mundo de la televisión. Al principio se sintió a gusto por el calor que emanaba la caja boba, desprevenida del infierno que la abrasó cuando pasaron sus quince minutos de fama...
Como en toda tragedia siempre nos queda un símbolo, una marca. Muchas veces esta marca es la prevención tardía. Hoy, aquél agujero está tapado con un cartón y un poco de cinta...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Esperamos que Onix este en un cielo donde la televicion no haga daño a nadie.